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El Bello Evangelio Que Permite
Que El Espíritu Santo More En Los Creyentes
< Isaías 9:6-7 >
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es
dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz
no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y
confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de
Jehová de los ejércitos hará esto.”
¿Qué es lo que permite al Espíritu
Santo morar en los creyentes? |
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El bello evangelio del agua y el Espíritu |
Para recibir el Espíritu Santo, necesitamos tener
fe en el evangelio del agua y el Espíritu. A nuestro Señor se le conoce como:
Maravilloso, Consejero, Dios Poderoso. Nuestro Señor se refirió a Él mismo como
el camino al Cielo. Jesucristo presentó a todos el don del bello evangelio.
En este mundo, hay muchas personas que todavía
viven en la oscuridad sin embargo. Ellos intentan escapar de esta oscuridad
pero debido a que no conocen el bello evangelio, nunca pueden escapar de sus
pecados. En cambio se marchitan por sus creencias en las doctrinas falsas. En
contraste, para aquellos que buscan la verdad, ellos encontrarán el bello evangelio
y vivirán el resto de sus vidas llenos de las bendiciones de Dios. Yo creo que
es una bendición especial de Dios que me permita ayudarlos a encontrarse con
el bello evangelio y que sean limpiados de sus pecados.
Por lo tanto la libertad del pecado sería imposible
sin Su bendición. Si nosotros hemos conocido al Señor y hemos recibido el Espíritu
Santo entonces nosotros somos muy bendecidos. Lamentablemente, mucha gente no
está consciente que la bendición de Dios proviene de la fe en este bello evangelio.
Dios está bendiciendo los resultados de creer
en el bello evangelio que se nos fue dado por Jesucristo, Su Hijo unigénito.
Jesús es el que nos salva de los pecados del mundo y nos bendice con Su misericordia.
Nadie mas puede salvarnos de nuestros pecados y nos ayuda a borrar la culpa
en nuestros corazones. ¿A quién le sería posible salvarse de sus propios pecados
y del dolor de la muerte eterna?
Dios nos dice, “Hay camino que parece derecho
al hombre, Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16:25). Las personas
establecen sus propias religiones y se conducen hacia la destrucción y muerte.
Muchas religiones se jactan de que ellos dan énfasis a la justicia y muestran
sus propias maneras de salvar a las personas de sus pecados, pero es sólo es
posible mediante el evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos dio,
que podemos salvarnos de todos nuestros pecados. Sólo Jesús es el Salvador que
puede salvar a los pecadores de sus pecados.
En Juan 14:6, nuestro Señor dijo, “Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Él dio
Su propia carne y sangre a aquellos en su camino a la muerte. Él también se
refirió a Él mismo como el camino, y la verdad, y la vida. Dios dice
que si uno no cree en el bello evangelio de Jesús, el tal no puede entrar en
el Reino de Cielo.
Nosotros debemos creer en el evangelio del agua
y el Espíritu, ser perdonados de nuestros pecados y creer que Él es nuestro
Salvador para entrar en el Reino de Cielo.
¡Una vez en antiguo Israel!
“Aconteció en los días de Acaz hijo de Jotam,
hijo de Uzías, rey de Judá, que Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías,
rey de Israel, subieron contra Jerusalén para combatirla; pero no la pudieron
tomar” (Isaías 7:1).
Israel era originalmente una nación. Sin embargo,
Israel se dividió en sur y norte. El templo de Dios estaba en Jerusalén de Judea
del sur dónde Roboam, el hijo de Rey Salomón, gobernó. Después, Jeroboam, uno
de los siervos de Salomón, estableció otra nación en el norte y entonces Israel
se dividió. De ese tiempo en adelante, la fe en Dios se deterioró. La deterioración
de la fe se volvió la fuente de las religiones heréticas de hoy. Jeroboam así
se volvió el creador de los herejes. Él enmendó la ley de Dios debido a que
necesitaba conservar su trono y por consiguiente, se volvió el padre de los
herejes. Él creó una religión diferente para su pueblo en Israel, el Reino del
Norte. Inclusive él intentó invadir Judá, en el Reino del sur. Casi pasaron
200 años, y las relaciones entre los dos reinos no cambiaron.
Sin embargo, Dios habló a través de Isaías, “Ha
acordado maligno consejo contra ti el sirio, con Efraín y con el hijo de Remalías,
diciendo: Vamos contra Judá y aterroricémosla, y repartámosla entre nosotros,
y pongamos en medio de ella por rey al hijo de Tabeel. Por tanto, Jehová el
Señor dice así: No subsistirá, ni será. Porque la cabeza de Siria es Damasco,
y la cabeza de Damasco, Rezín; y dentro de sesenta y cinco años Efraín será
quebrantado hasta dejar de ser pueblo. Y la cabeza de Efraín es Samaria, y la
cabeza de Samaria el hijo de Remalías. Si vosotros no creyereis, de cierto no
permaneceréis” (Isaías 7:5-9).
En ese momento, Dios profetizado a través de Isaías
al Rey Acaz, pero el rey no tenía fe en Él. Acaz estaba sumamente angustiado
de que él ni siquiera podría ofrecer resistencia contra el ejército de Siria,
pero oyendo acerca de la invasión de Siria e Israel en alianza con algún otro,
él se estremeció de miedo. Pero el siervo de Dios, Isaías, vino a él y le dijo,
“En menos de sesenta y cinco años, Israel norte será desecho. Y la mala conspiración
que los dos reyes han planeado nunca se hará realidad.”
El siervo de Dios le dijo al Rey Acaz que buscara
una señal de Dios. “Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya
sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto” (Isaías 7:11). “Dijo entonces
Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres,
sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará señal:
He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”
(Isaías 7:13-14). Ésta fue Su profecía: Que Él salvaría a Su pueblo de sus
pecados.
¿Quién es el enemigo de Dios?
El enemigo de la humanidad es el pecado y el pecado
es originado por Satanás. ¿Y quién es el Salvador de nuestros pecados? El Salvador
no es nadie más que Jesucristo, el Hijo de Dios. El hombre fundamentalmente
tiene debilidades de la carne y por consiguiente no puede sino cometer pecado.
Él está bajo el poder de Satanás. Una gran cantidad de gente todavía visitan
a adivinos e intentan vivir sus vidas exactamente como estos falsos profetas
les instruyen que lo hagan. Ésta es la evidencia directa de que ellos están
bajo el mando de Satanás.
El Señor dio a Isaías la evidencian de la salvación,
diciendo que una virgen daría a luz un niño y lo llamarían Emmanuel. Fue el
plan de Dios enviar a Jesús en semejanza de carne pecadora de hombre y hacer
que Él salvara a los pecadores de la opresión de Satanás. De acuerdo con la
profecía, Jesús vino a este mundo para nacer como hombre de la Virgen María.
Si Jesús no hubiera venido a nosotros, nosotros
todavía estaríamos viviendo bajo el reino de Satanás. Pero Jesús vino a este
mundo y fue bautizado por Juan y murió en la Cruz para darnos el bello evangelio
que salvaría a todos los pecadores de sus pecados. Por lo tanto, muchas personas
creyeron en el bello evangelio, recibieron el perdón de sus pecados y se volvieron
hijos de Dios.
Aun hoy día, muchos teólogos arguyen acerca de
si Jesucristo es Dios u hombre. Los teólogos conservadores dicen “Jesús es Dios,”
pero los Nuevos Teólogos se retuercen sosteniendo que Jesús era el hijo bastardo
de José. ¡Eso es una aserción lamentable!
Algunos Nuevos teólogos dicen que no pueden creer
que Jesús tenía la habilidad de caminar sobre el agua. Ellos dicen, “Jesús realmente
caminó en sobre una pequeña loma bajo el agua sobre el horizonte y Sus discípulos,
viéndolo de lejos pensaron que Él estaba caminando sobre el agua.” En los tiempos
actuales, Doctores de la Divinidad que pertenecen a la Nueva escuela de Teología
no son del todo grandes hombres de la teología. La mayoría de ellos escogen
creer lo que ellos pueden comprender en la Biblia.
Para dar otro ejemplo, la Biblia dice que Jesús
alimentó a 5,000 personas con dos peces y cinco barras de pan. Pero ellos permanecen
muy escépticos con respecto a este milagro. Ellos lo explican en las condiciones
siguientes. “Las personas eran seguidoras de Jesús y estaban hambrientos hasta
la muerte. Así que Jesús les pidió a Sus discípulos que reunieran toda la comida
sobrante. Entonces un hijo le dio su comida, y todos los otros adultos estaban
emocionados y sacaron su propia comida. Así después de que ellos habían reunido
toda la comida y habían comido, doce quedaron de sobras.” Este tipo de teólogos
simplemente intentan hacer que la Palabra de Dios encaje en su propia y muy
limitada comprensión.
Creer en la verdad de Dios es simplemente tener
fe en el bello evangelio que Dios dio. La fe no significa creer en cosa sólo
porque parece tener sentido sino creer en algo más allá debido a que no lo parece.
Si podemos comprenderlo o no, debemos confiar en Él y aceptar Sus palabras tal
y como está escrita.
El hecho de que Jesús vino a nosotros como el
Hijo del Hombre significa que fue enviado a salvarnos de todos nuestros pecados.
Jesús quien es Dios vino a esta tierra para salvarnos. Isaías había profetizado
que Él vendría a nosotros como el Hijo del Hombre, nacido de una virgen.
En Génesis 3:15, el Señor Dios dijo a la serpiente,
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente
suya; Ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” Esto
significa que Dios había planeado enviar a Jesús, en la apariencia de hombre,
como nuestro Salvador para salvar la humanidad de sus pecados.
¿En la Biblia, está escrito, “¿Dónde está,
oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de
la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.” (1 Corintios 15:55-56).
La picadura de muerte es el pecado. Cuando un hombre peca, la muerte le hace
su esclavo. Pero nuestro Señor prometió, “La simiente de la mujer aplastará
su cabeza.” Esto significa que Jesús destruiría la picadura del pecado que Satanás
trajo.
Jesús vino a este mundo, fue bautizado para llevarse
todos nuestros pecados y fue crucificado y juzgado por ellos. Él salvó de sus
pecados a todos aquellos que creen en el bello evangelio. Cuando Adán y Eva
pecaron, Dios prometió salvar a la humanidad del poder de Satanás. En el mundo
moderno, el enemigo de Dios son aquellos que no creen en el bello evangelio.
¿Por qué Jesús nació en este mundo?
Dios nos dio la ley y el bello evangelio para
salvarnos de nuestros pecados. Bajo la ley de Dios, las personas se volvieron
pecadoras en Su presencia. De la misma manera, la ley fue dada para que las
personas pudieran llegar a conocer sus pecados. Cuando las personas se volvieron
esclavas del pecado y de la propia ley, nuestro Señor vino a este mundo para
cumplir los requisitos justos de la ley.
Jesús nació bajo la ley. Él nació en la época
de la ley. La razón por la que las personas necesitaron la ley fue porque ellos
necesitaban reconocer sus pecados para recibir el perdón por ellos. Las personas
sólo limpian la suciedad de su ropa cuando ellos se dan cuenta que están sucias.
De la misma manera para reconocer sus pecados, las personas deben conocer la
ley de Dios. Si no hubiera ninguna ley, no habría ningún pecado, y Jesús no
habría tenido que venir a este mundo.
Si usted conoce la ley de Dios, entonces usted
tiene una oportunidad para conocerlo. Nosotros conocimos la ley y por consiguiente
pudimos aprender sobre nuestros pecados. Sólo después de que nosotros conocimos
nuestro pecado Jesucristo nos trajo el bello evangelio para creer en él. Si
Dios no nos concediera la ley, entonces nosotros no seríamos pecadores y el
juicio no existiría. Así, Dios nos dio la ley y nos presentó al bello evangelio
para salvar a todos los pecadores de sus pecados.
La ley que debe existir entre el Creador y Su
creación es la ley de la salvación de Dios. Ésta es la ley del amor. Dios le
dijo al hombre, “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás”
(Génesis 2:17). Ésta era la ley que Dios nos concedió, y la ley se volvió
la base del amor con que Dios nos salvó de todos nuestros pecados. La ley de
la salvación tenía su fundamento en el perdón de nuestros pecados. Dios nos
dice que Él es nuestro Creador y que todo vino a existir según Su voluntad.
Esto significa que Dios es el Ser Absoluto y que las personas deben creer en
la ley de salvación que fue cumplida a través del bello evangelio.
El Dios Absoluto es completamente bueno. El amor
de Dios para este mundo lo incitó a sacrificar a Su Hijo unigénito que se volvió
el Salvador de todos los pecadores. Si Dios nos creó y no nos hubiera dado el
bello evangelio para salvarnos de nuestros pecados, nosotros habríamos levantado
quejas contra Él. Pero Dios quiso salvarnos de nuestra propia destrucción y
por consiguiente estableció la ley de la salvación. Debido a que gracias a la
ley, pudimos comprender nuestros pecados y mirarlos directamente, empiece a
creer en el bello evangelio de Jesús. Cuando nosotros violamos la Palabra de
Dios, nos manifestamos como pecadores ante la ley, y después todo los pecadores
nos arrodillamos para rogar por Su misericordia de perdón de pecado ante Dios.
Jesús nació de una mujer y vino a este mundo para
salvar a la humanidad del pecado. Jesús vino a este mundo como hombre para cumplir
el plan de Dios para nosotros. Nosotros creemos en Su bello evangelio. Por consiguiente,
nosotros alabamos al Señor.
Algunos se quejan, ¿“Por qué Dios me hizo tan
frágil que caigo en el pecado tan fácilmente y he sufrido tanto por mi mal?”
Pero Dios nunca quiso que sufriéramos. Él nos permitió sufrir debido a que éramos
escépticos acerca del evangelio de Jesús. Dios nos dio ambos, el sufrimiento
y el bello evangelio para que tuviéramos el mismo poder como Él como Sus hijos.
Éste fue Su plan.
¡Pero los demonios dicen, “No! ¡No! ¡Dios es un
dictador! Prosiga y viva como usted lo desea. ¡Sea independiente! ¡Hagan sus
fortunas a través de sus propios esfuerzos!” Los demonios también intentan bloquear
la creencia de la humanidad en Dios. Pero los que escogen vivir aparte de Dios
son barreras para Su para la salvación. Jesús vino a este mundo y llamó aquellos
que están bajo el poder de Satanás a renunciar a sus pecados. Nosotros no debemos
vivir apartados de Dios.
El hombre nace siendo pecador destinado al Infierno.
No hay verdad en esta tierra que no cambia. Pero
el bello evangelio de Jesús es la verdad inalterable. Por consiguiente, las
personas pueden depender de esa verdad y pueden ser liberados del poder de Satanás.
La humanidad heredó los pecados de Adán y Eva y sin la intervención de Cristo
se condenaría al fuego del Infierno. En cambio, gracias a Su sacrificio, el
hombre fue bendecido con el poder volverse un hijo de Dios. “Mas no habrá
siempre oscuridad para la que está ahora en angustia” (Isaías 9:1). Dios
envió a Su Hijo a este mundo y glorificó a aquellos que creen en la bella salvación.
“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran
luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ello”
(Isaías 9:2).
Hoy, esta palabra se hace realidad en usted y
en mí. Creyendo en el bello evangelio, nosotros fuimos bendecidos con la vida
eterna que no podemos llevar en esta tierra. Jesucristo salvó la humanidad de
todos los pecados del mundo y a aquellos que creen en el bello evangelio, les
dio la vida eterna y el Reino de Cielo.
Él derramó la bella luz del evangelio sobre aquellos que no
tenían esperanza
El hombre es como la niebla, existe durante algún
tiempo pero pronto desaparece de este mundo. Su vida es así, como las plantas
anuales y la hierba. La hierba retiene su fuerza de vida por sólo unos meses
durante el año y desaparece según la Providencia de Dios. Todo es vanidad en
nuestras vidas sin sentido como esa hierba. Pero Dios dio el bello evangelio
a nuestras almas exhaustas y con Su justicia, nos hizo Sus hijos. ¡Esto es una
gracia asombrosa! Nuestras vidas sin sentido se volvieron en vidas eternas gracias
al amor de Dios y nosotros también fuimos bendecidos con el derecho para ser
hechos Sus hijos.
He aquí la confesión de un alma que fue bendita
con la gracia de Dios creyendo en el bello evangelio.
“Yo nací en una familia que no creyó en Dios.
Por consiguiente, yo pensé lo bonito que era para mi madre orar a los dioses
del cielo y tierra por el bien de mi familia todas las mañanas con un cuenco
de agua delante de ella. Como yo estaba creciendo, no conocí el valor o la razón
de mi existencia que me hizo creer que no importaba realmente si yo vivía o
me moría. Debido a que yo no me valoraba, yo viví en la soledad.
Este tipo de vida me agotó así que me apresuré
a casarme. Mi vida matrimonial era buena. Yo no tenía nada más que desear, así
que yo viví una vida tranquila y serena. Entonces tuve un hijo y desde ese tiempo
descubrí que el amor comenzó a aparecer en mí. Empecé a perder mis deseos egoístas
y también temí la pérdida de aquellos que estaban cerca de mí.
Así, empecé buscando Dios. Yo era frágil e incapaz
y por consiguiente, necesitaba que un Ser Absoluto guardara a mi amado. Así
que yo empecé a asistir a la iglesia pero mi fe era poco diferente a la de mi
madre cuando ella oró delante del cuenco de agua- mi oración sólo se basaba
en los vagos temores y esperanzas.
Una vez, asistí a una pequeña reunión de la iglesia
local y mientras yo estaba orando, las lágrimas empezaron a caer de mis ojos.
Sentí vergüenza e intenté detener el llanto, pero las lágrimas continuaron.
Las personas alrededor de mí pusieron sus manos en mi cabeza y me felicitaron
por recibir el Espíritu Santo. Pero yo estaba descarriada. Yo ni siquiera estaba
familiarizada con la Palabra de Dios y mi fe en Él sólo era vaga, tanto que
yo no tenía confianza que esta fuerza fuera del Espíritu Santo.
La iglesia a la que yo asistí estaba asociada
con el Movimiento Carismático Pentecostés, y muchos tenían experiencias como
las mías y casi todos hablamos en lenguas. Un día, fui invitada a una reunión
de reavivamiento guiada por un pastor que las personas decían estaba lleno del
Espíritu Santo. El pastor reunió numerosas personas en la iglesia y dijo que
Él sanaría a alguno de sinusitis ya que estaba en sus poderes espirituales el
hacerlo. Sin embargo, yo pensé que la sinusitis era una enfermedad fácilmente
sanada en los hospitales, yo estaba más interesada en saber cómo él había recibido
el Espíritu Santo. Después cuando que el pastor parecía tener éxito en sus esfuerzos
de sanidad, empezó a alardear que él podía predecir si un estudiante de la escuela
secundaria tendría éxito o no en su examen para ingresar a la universidad. Muchas
personas alabaron sus poderes como si estos vinieran de Dios.
Sin embargo yo no podía entenderlo. Y yo no podía
decir que el poder que el pastor tenía, tenía algo que ver con el Espíritu Santo.
Yo pensé que no era importante si él podía sanar la sinusitis o predecir a alguien
si tendría éxito en un examen o no. Así que, yo no podía tomar sus milagros
como obra del Espíritu Santo.
El poder y amor de Dios que yo tenía en la mente
eran diferentes de lo que yo vi. Por esa razón, dejé de asistir a esa iglesia
y evité a las personas que creyeron en los poderes del pastor. Después de eso,
yo asistí a una iglesia tranquila, que escogí debido a que creí que se daba
más énfasis a la Palabra de Dios. Ahí aprendí de la ley y a través de ella supe
que yo era muy injusta. Dios se volvió el objeto de mi temor y aprendí que yo
no podía parecer honorable en Su presencia y que Su Espíritu parecía estar rechazándome.
En Isaías 59:1-2 está escrito, “He aquí que
no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para
oir; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios,
y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.”
Esto parecía encajar en mi situación. Era imposible para mí volverme Su hija
y recibir el Espíritu Santo debido a que todo lo que yo hice o pensaba era pecado.
Yo temí a Dios y consistente hice oraciones de
arrepentimiento. Nadie me dijo que lo hiciera, pero yo quería ser honorable
delante de Dios. Debido a que yo era pecadora, ofrecí aun más seriamente mis
oraciones de arrepentimiento. Pero estas oraciones no lavaron mis pecados. Todos
lo que yo hacía era para mostrarle mi sinceridad y mis pensamientos así que
mis pecados todavía estaban en mí. En ese tiempo, empecé a quejarme contra Dios.
Yo deseaba ser perfecta a Sus ojos pero yo no podía, así que mis quejas y pecados
se me amontonaron.
Durante este tiempo de confusión religiosa, mi
padre recibió un golpe. Él sufrió durante 40 días en las salas de operaciones
y camas de hospital antes de que él falleciera. Y no pude orar una sola vez
por mi padre. Yo era una pecadora, así que yo pensé que si oraba por mi padre,
su dolor sólo empeoraría. Me apené por mi falta de fe y deseé seguir a Dios
pero no pude, así que continué quejándome y me alejé de Él. Mi vida religiosa
acabó así. Yo pensé si yo creyera en Él, Su Espíritu moraría en mí y yo encontraría
paz, pero ése no era el caso. Después de eso, mi vida se fue más aun sin sentido
y yo viví en el miedo e infelicidad.
Pero el Señor no me abandonó. Él me encausó a
conocer a un creyente que había recibido el Espíritu Santo de verdad a través
de la Palabra de Dios. Yo aprendí de esta persona que Jesús había tomado nuestros
pecados a través de Su bautismo por Juan y que Él se había sido juzgado por
ellos en la Cruz. Por consiguiente, todos los pecados de este mundo, incluyendo
los míos, fueron todos perdonados. Cuando yo oí y vine a entender esto, yo podía
ver que todos mis pecados fueron limpiados. Dios me ayudó a recibir el perdón
por mis pecados, me dio la bendición del Espíritu Santo y me concedió una vida
pacífica. Él me guió silenciosamente, a una clara comprensión de lo bueno y
de lo malo y me dotó del poder para superar las tentaciones de este mundo. Él
contestó mis oraciones y me ayudó a vivir una vida justa y que vale la pena.
Yo de verdad doy gracias a Dios por darme el Espíritu Santo.”
Cada uno de nosotros es bendecido con la gracia
del Señor y es capaz de recibir el Espíritu Santo. Yo le agradezco al Señor
que nos haya dado Su bello evangelio. Dios bendijo al justo con tal felicidad.
Los corazones de los justos son alegres. El Señor nos concedió felicidad eterna.
Nosotros conocemos cómo es la salvación preciosa de Dios, es amor y gracia y
nosotros estamos agradecidos por ello. El Señor nos dio felicidad a través del
bello evangelio del Cielo. Esto es algo que no puede comprarse con dinero. Dios
nos envió el Espíritu Santo así como el bello evangelio para hacernos felices
y justos. El bello evangelio es lo que bendice nuestras vidas. El Señor nos
dio el bello evangelio y Él está feliz de que los justos disfruten una vida
bendita.
Como está escrito en Lucas, María dijo, “porque
nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor;
hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia” (Lucas
1:37-38). En el momento que María creyó en las bellas palabras de Dios,
tal como lo había dicho por Su ángel, Jesús fue concebido. De la misma manera,
a través de su fe, el justo concibe el bello evangelio en su corazón.
“Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara
de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián” (Isaías 9:4).
Satanás causó todo el dolor, enfermedades, y opresión en nuestras vidas y somos
demasiado débiles para superarlo. Pero Dios nos ama y así Él nos ama y luchó
con Satanás y lo derrotó.
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es
dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio
y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo
y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo
de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6-7).
Dios prometió glorificarnos como Sus hijos a través
del bello evangelio que Jesús trajo. Él derrotó a Satanás de acuerdo con Su
promesa y nos liberó del poder de Satanás.
El Señor vino a la tierra y con Su poder prometió
llevarse toda la oscuridad de pecado. Así que nosotros también llamamos a nuestro
Señor, Maravilloso. Él ha hecho muchas cosas maravillosas para nosotros. La
decisión de Dios de venir a este mundo como el Hijo del Hombre fue un misterio.
“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren
como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; Si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).
El Señor prometió salvarnos de nuestros pecados
y darnos el perdón eterno. Jesús está es llamado el Maravilloso, de acuerdo
con esto, Él ha hecho obras milagrosas para nosotros. “Llamará su nombre
Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno.” Dios, como nuestro Consejero,
planeó nuestra salvación con el bello evangelio y llevó a cabo Su plan para
salvarnos eternamente de nuestros pecados.
Dios es mucho más sabio que el hombre. En Su sabiduría
Jesús fue bautizado por Juan y murió en la Cruz a fin de salvarnos de todos
nuestros pecados. Éste es trabajo misterioso que Él hizo por nosotros, y es
la ley de amor la que nos salvó de todos nuestros pecados. La ley del amor es
el evangelio de verdad que nos lleva a recibir el Espíritu Santo a través del
agua y Su sangre.
El Señor dice en Isaías 53:10, “Con todo eso,
Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento.” Jesús hizo Su alma
una ofrenda de pecado para hacer la voluntad de Dios. Él pasó todos los pecados
del mundo a Su Hijo, Jesucristo, y le hizo sufrir el dolor de la crucifixión
para que Él fuera juzgado por ellos. Éste es el bello evangelio que salvó la
humanidad de sus pecados por última vez. Cristo ofreció Su vida por nosotros,
pagó el precio del pecado y nos bendijo con la salvación.
El sistema sacrificatorio de Dios
¿Cuántos pecados tomó Jesús a
través de Su bautismo por Juan? |
Los pecados pasados, presentes y futuros desde los
tiempos del principio hasta el del fin |
La Biblia habla de una ofrenda que producía una
vez el perdón por los pecados de un día. Un pecador tenía que traer un animal
sin mancha y poner sus manos en la cabeza del animal para pasar en este sus
pecados. Entonces él tenía que degollar el sacrificio y dar su sangre al sacerdote.
Y el sacerdote tomaba algo de la sangre del animal y lo ponía en los cuernos
del altar de las ofrendas quemadas y derramaba el resto sobre la base del altar.
De esta manera, él podía ser perdonado por los
pecados de un día. La imposición de manos era la manera en que un pecador pasaba
sus pecados al sacrificio. Aquellos que ofrecieron sus sacrificios de acuerdo
con el sistema sacrificatorio podían recibir el perdón por sus pecados. El sistema
sacrificatorio era la manera en que nosotros expiábamos nuestros pecados en
el tiempo antes de que Jesús se llevara todo el pecado.
Dios también había fijado el Día de Expiación
para que el pueblo de Israel pudiera hacer la expiación por los pecados cometidos
en el curso de un año entero. El sacrificio tenía lugar en el décimo día del
séptimo mes. Dios puso a Aarón, el sumo sacerdote, como el que pasaba los pecados
del año de todo el pueblo de Israel sobre la víctima propiciatoria. El ritual
se llevó a cabo de acuerdo con el plan de Dios. El perdón de pecados vino de
Su sabiduría y amor por la humanidad. Éste es Su poder.
“Los cuernos del altar de ofrenda quemada”
son “el Libro de la vida”(Apocalipsis 20:12), dónde están escritos los
pecados de la humanidad. La razón por la que el sacerdote ponía la sangre de
la ofrenda de pecado en los cuernos del altar de ofrendas quemadas era para
borrar los nombres y sus transgresiones escritas en el Libro de la vida. La
sangre es la vida de toda la carne. El sacrificio se llevó los pecados del Israelita
y la víctima propiciatoria fue degollada para pagar el precio de pecado. Dios
les hizo matar un animal sacrificatorio para aceptar el juicio de sus pecados.
Ésta era una señal de Su sabiduría y amor por nosotros.
Jesucristo vino a este mundo como una ofrenda
por el pecado para lograr el plan de Dios. Jesús se llevó los pecados del mundo
a través de Su sacrificio. Si nosotros miramos las palabras de esta promesa,
vemos, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados;
el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”
o “mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es
dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz
no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y
confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de
Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6-7).
La promesa misteriosa y maravillosa era que Jesús
llevaría a cabo la voluntad de Dios y daría toda la paz de los creyentes llevándose
los pecados del mundo. La promesa de Dios era una promesa de amor por que Él
planeó traer paz a toda la humanidad. Esto es lo que Dios nos prometió, y esto
es lo que Él hizo.
Mateo 1:18 dice, “El nacimiento de Jesucristo
fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se
halló que había concebido del Espíritu Santo.”“Jesús” significa el Salvador,
el que salvará a Sus pueblo de sus pecados. “Cristo” significa el Rey Ungido.
Jesús no tenía ningún pecado, y Él es nuestro Rey y Salvador que nació de una
virgen para salvar a Sus pueblo de sus pecados.
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre
JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para
que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo” (Mateo
1:21-22).
Jesús tomó todos los pecados del mundo con Él a través de Su
bautismo
Está escrito en Mateo 3:13-17, “Entonces Jesús
vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le
oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero
Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.
Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua;
y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía
como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este
es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”
Juan el Bautista aparece en este pasaje. ¿Por
qué Jesús tuvo que ser bautizado por Juan? Jesús tuvo que ser bautizado para
asumir todos los pecados en el mundo, y llevarlos con Él según el plan de Dios.
“Y el principado sobre Su hombro” (Isaías 9:6).
Aquí “el principado” significa que Jesús es el que tiene la autoridad
como el Amo del Cielo, el Rey del mundo. Ésta es la autoridad concedida sólo
a Jesucristo. Jesús hizo una cosa maravillosa al llevarse todos los pecados
de la humanidad. Esta cosa maravillosa fue ser bautizado por Juan. Lo que Jesús
quiso decir diciendo “Así conviene que cumplamos toda justicia” es que
quitar todos los pecados del mundo era correcto y justo.
Romanos 1:17 dice, “Porque en el evangelio
la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo
por la fe vivirá.” La rectitud de Dios es revelada en el evangelio. ¿Realmente
el verdadero evangelio del agua y el Espíritu revela la justicia de Dios? ¡Sí!
El verdadero evangelio es que Jesucristo se llevó todos los pecados del mundo
a través de Su bautismo y crucifixión. El evangelio del agua y el Espíritu es
el bello evangelio en el que la justicia de Dios se revela. ¿Cómo se llevó Jesús
los pecados del mundo? Él se los llevó todos cuando Juan lo bautizó en el río
Jordán.
“Toda justicia” es “pasan dikeosinin”
en griego. Esto significa que Jesús se llevó todos los pecados de la humanidad
en de la manera más justa y maravillosa. Significa que la limpieza que Jesús
hizo de todos los pecados del mundo fue completamente clara y justa. Jesús tuvo
que ser bautizado por Juan para borrar los pecados del mundo.
Dios sabía que el bautismo de Jesús era completamente
necesario para traer paz a la humanidad. Jesús no podía volverse nuestro Salvador,
si Él no se hubiera sido bautizado por Juan y hubiera derramado Su sangre en
la Cruz. Jesús sirvió como la ofrenda de pecado llevándose todos los pecados
del mundo.
Dios dice en Isaías 53:6, “Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó
en él el pecado de todos nosotros.” Jesús tenía que aceptar todos los pecados
del mundo para hacer la voluntad de Dios. Ésta es la razón por la que Jesús
vino como ofrenda de pecado en carne de un hombre y fue bautizado por Juan.
Jesús tenía que aceptar todos los pecados de la
humanidad y ser juzgado por ellos para que Él pudiera cumplir el plan de Dios
y expresar así Su amor hasta la muerte. Cuando Jesús emergió del agua después
de Su bautismo, Dios dijo, “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”
(Mateo 3:17).
Un niño nos es nacido
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es
dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Jesús es el Hijo
de Dios. Jesús es el Dios de la creación que creó el universo entero. No sólo
es el Hijo del Omnipotente Dios, sino que también es el Creador y el Rey de
paz. Jesús es el Dios que dio felicidad a la humanidad.
Jesús es el Dios de la verdad. Él se llevó todos
nuestros pecados, nos salvó, y nos dio paz. ¿Hay pecado en este mundo? No, no
hay ningún pecado. Es la razón por la que nosotros podemos decir confiadamente
que no hay ningún pecado es porque nosotros creemos en el bello evangelio que
dice que Jesús lavó todos los pecados del mundo a través de Su bautismo y sangre
en la Cruz. Jesús no nos miente. Jesús pagó el precio de pecado con Su bautismo
y Su sangre. Él nos permitió a todos los que creímos esto que fuéramos hechos
Sus hijos y nos dio la paz a todos. Él nos ha hecho vivir como Sus hijos santificados
en la fe por la eternidad. Yo alabo al Señor y le doy gracias a Él.
¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!
Juan 1:29 dice, “El siguiente día vio Juan
a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado
del mundo.” Jesucristo aparecía de nuevo delante de Juan el Bautista un
día después de que Él se llevara todos los pecados del mundo a través de Su
bautismo. Juan el Bautista testifico de Jesús diciendo, “He aquí el Cordero
de Dios, que quita el pecado del mundo” Él testifica de nuevo en Juan 1:35-36,
“El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando
a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.”
Jesús era el Mesías que vino como el Cordero de
Dios, así como Dios había prometido en el Antiguo Testamento. El Mesías Jesucristo
vino a nosotros como el Maravilloso, Consejero y Dios Poderoso, y fue bautizado
para salvarnos de todos nuestros pecados. Un niño nos fue nacido. Él aceptó
todos los pecados del mundo a través de Su bautismo por Juan, pagó el precio
del pecado, y se vino a ser el Príncipe de Paz que nos da la paz y la remisión
de todos nuestros pecados. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado
del mundo.”
Alguna vez la gente no tenía ninguna otra opción
más que morir por sus pecados. Los humanos fueron destinados a cometer innumerables
pecados debido a su naturaleza pecadora y en el futuro serían condenados al
Infierno. Ellos llevaron vidas miserables; ninguno de ellos podía entrar o siquiera
soñar con entrar en el Reino de Dios debido a sus debilidades. Jesucristo que
es nuestro Dios aceptó todos sus pecados cuando Él fue bautizado por Juan en
el río Jordán y fue crucificado como resultado del juicio por este mal. En Su
muerte, Cristo dijo, “consumado es”(Juan 19:30). Éste fue el clamor de
Su testimonio al hecho de que Jesús salvó a toda la humanidad de sus pecados
y muerte, y que Él absolutamente liberó a cualquiera que creyó en el bello evangelio.
“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado
del mundo” ¿Usted sabe dónde están todos los pecados del mundo? ¿No están
todos en el cuerpo de Jesucristo? ¿Dónde todos los pecados y transgresiones
que nos humillan en este mundo? Todos fueron transferidos a Jesucristo. ¿Dónde
están todos nuestros pecados? Ellos están en la carne de Uno con el principado
en Su hombro; ellos están en la carne del Omnipotente Dios.
Todos los pecados, ¡Desde el nacimiento hasta la tumba!
Nosotros cometemos pecado a lo largo de nuestras
vidas. Nosotros cometimos los pecados desde el día en que nacimos hasta el día
en que tuvimos 20. ¿Adónde se fueron todos estos pecados durante 20 años? Ellos
se transfirieron a la carne de Jesucristo. Los pecados que nosotros cometimos
entre las edades de 21 y los 40 también se pasaron a Jesús. No importa cuántos
años viva una persona, los pecados que él cometió desde el principio de su vida
hasta que el fin, fueron transferidos a Jesucristo. Todos los pecados que la
humanidad cometió, empezando por Adán y hasta la última persona en esta tierra,
se transfirieron a Jesús. Incluso los pecados de nuestros hijos y nietos ya
se pasaron a Jesús. Todos los pecados se transfirieron a Jesús en el momento
que Él fue bautizado.
¿Sigue habiendo pecado en este mundo? No. No queda
ninguno. No queda ningún pecado en el mundo debido a que nosotros creemos en
el bello evangelio que Jesucristo nos dio. ¿Usted tiene pecado en su corazón?
¡No, Amén! Nosotros creemos en el bello evangelio que dice que Jesucristo nos
salvó de todos nuestros pecados. Nosotros alabamos al Omnipotente Jesús por
hacer este trabajo maravilloso para nosotros.
Jesucristo restauró nuestras vidas perdidas. Ahora
nosotros creemos en el bello evangelio por lo que podemos vivir con Dios. Incluso
las personas que eran enemigos de Dios–los pecadores que no tenían ninguna otra
opción sino el esconderse en los bosques oscuros–pueden salvarse ahora de sus
pecados creyendo en el bello evangelio.
El bello evangelio nos enseña que el Señor lavó
todos nuestros pecados limpiándonos cuando él fue bautizado por Juan, fue crucificado
y resucitó. Nosotros nos volvimos los hijos santificados de Dios creyendo en
el evangelio de Jesús. Jesús ofreció Su propio cuerpo como la ofrenda por nuestros
pecados. Él, el Hijo del Omnipotente Dios que nunca cometió un solo pecado en
este mundo se llevó todos los pecados del mundo y salvó a todos que creemos
en Él. Isaías 53:5 dice, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido
por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados.”
Jesús se llevó todos los pecados del mundo, incluyendo
pecado original y los pecados actuales y no omitió una sola trasgresión. Él
pagó el precio del pecado con Su muerte en la Cruz y por eso nos salvó de todos
nuestros pecados. Jesús lavó todos los pecados del mundo a través de este bello
evangelio. Nosotros hemos encontrado la nueva vida a través de Jesús. Aquellos
que creen en este bello evangelio no son más unos muertos espiritualmente. Nosotros
ahora tenemos la vida nueva y eterna, Jesús pagó todo el precio de nuestro pecado.
Nosotros nos hemos vuelto hijos de Dios creyendo en el bello evangelio de Jesucristo.
¿Usted cree que Jesucristo es el Hijo de Dios?
¿Usted también cree que Él es su Salvador? Lo creo. Jesucristo es la Vida para
nosotros. Nosotros encontramos la nueva vida a través de Él. Nosotros fuimos
destinados para morir debido a nuestros pecados y transgresiones. Pero Jesús
pagó el precio del pecado a través de Su bautismo y muerte en la Cruz. Él nos
liberó de la esclavitud de pecado, del poder de la muerte, y las ataduras de
Satanás.
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El Señor es el Dios que nos salvó
de nuestros pecados y se vino a ser el salvador de todos los que
creemos en Jesús. Cuando miramos Hebreos 10:10-12, 14 y 18, podemos
ver que el Señor nos santificó para que no hubiera ninguna necesidad
más de recibir la remisión de pecados. Nosotros entramos en el Reino
de Dios creyendo en Jesús. Nosotros fuimos destinados para morir
por nuestros pecados y transgresiones, pero podemos ahora entrar
en el Cielo y disfrutar la vida eterna creyendo en el bautismo de
Jesús y Su sangre.
“El buen pastor su vida da por las ovejas”
(Juan 10:11). Nuestro Señor vino a este mundo para salvarnos de los pecados
del mundo a través de Su bautismo, Su muerte en la Cruz, y Su resurrección.
Él también da el gozo de la vida en el Espíritu Santo a aquellos que han recibido
la remisión de sus pecados creyendo en esta verdad. Gracias, Señor. Su evangelio
es el bello evangelio que puede darles la vida en el Espíritu Santo a los creyentes.
¡Aleluya! Yo alabo al Señor.
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